GEISA. Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía

Breve historial de GEISA

El Grupo de Investigación GEISA fue creado en 1988, con la denominación de “Cambios económicos, transformaciones socioculturales y simbolismo en Andalucía”, siendo reconocido con el código  5.107 en el Plan Andaluz de Investigación. En 1992, consolidado y ampliado, cambió su denominación por la actual de “Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía” (G.E.I.S.A.), código SEJ-149 del PAI de la Consejería de Educación, luego Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, de la Junta de Andalucía.

En realidad, el año de su creación no fue el comienzo del grupo sino la formalización de una realidad iniciada anteriormente: la de varios licenciad@s, nucleados por el profesor Isidoro Moreno, que llevamos a cabo unos seminarios informales para debatir teorías y métodos de la Antropología y profundizar en el limitado conocimiento que era posible obtener en los cursos reglados, dada la entonces  muy escasa presencia de la disciplina en los planes de estudio. La mayoría de los participantes habían sido recientes alumnos o alumnas de la asignatura de Etnología de la Península Ibérica en la especialidad de Historia de América y estaban iniciando sus tesis de licenciatura, y con varios de ellos iniciamos algunos modestos trabajos de campo en condiciones difíciles.

Casi todos aquellos miembros del seminario realizaron luego sus tesis doctorales convirtiéndose, varios de ellos, en profesores contratados y más tarde en titulares o catedráticos. Ya oficializado el Grupo, se incorporaron a este nuevos licenciados, sobre todo de las primeras promociones de la recién estrenada especialidad de Antropología Cultural de la licenciatura de Geografía e Historia. Desde el principio, GEISA nació con la aspiración de contribuir a la descolonización de la Antropología en Andalucía y con el compromiso de profundizar en las realidades sociales y culturales de este país nuestro donde se daba la paradoja de que la disciplina, habiendo surgido nada menos que en 1869 –con la creación de la Sociedad Sevillana de Antropología-, era todavía, en la década de los setenta del siglo XX, una ciencia social prácticamente desconocida.

Hoy, más de la mitad del profesorado del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla son miembros de GEISA y al grupo pertenecen también profesores de varias universidades andaluzas, así como otros investigadores y técnicos del patrimonio etnológico. Actualmente, el Grupo está compuesto por 19 doctores (de ellos 3 catedráticos de universidad, 6 profesores titulares y 10  profesores contratados) y otros 14 investigadores y doctorandos.

Dado lo numeroso de sus miembros, existen varias líneas temáticas en GEISA, pero el Grupo se define, fundamentalmente, por un marco teórico-metodológico común dentro del cual se desarrollan los diversos proyectos de investigación, la mayoría de ellos en equipo.

El marco teórico-metodológico: los paradigmas de la “matriz cultural identitaria” y la “glocalización”.

Lo que caracteriza a GEISA  son los instrumentos teórico-metodológicos con los cuales tratamos de analizar y explicar diferentes  aspectos de la realidad social y de los significados simbólicos de esta. No es tanto qué objetos de estudio contemplamos sino con qué mirada (en que marco teórico-metodológico) los construimos y tratamos de analizarlos.

Nuestro marco teórico-metodológico se sitúa fuera tanto del funcionalismo como de los diversos reduccionismos –economicista, etnicista o sexista-. Lo denominamos la “matriz cultural identitaria”. Esta se compone, para nuestras sociedades contemporáneas, de las culturas del trabajo (y culturas empresariales), las culturas de sexo-género y las cultura étnicas, que son resultado del despliegue de un triple sistema de relaciones estructurales: las relaciones estructurales de clase y socioprofesionales, las relaciones sociales de sexo-género y las relaciones interétnicas. Cada una de estas culturas está ligada, respectivamente, a identidades socioprofesionales, identidades de sexo-género e identidades étnicas, aunque ninguna de ellas existe aisladamente en ningún colectivo ni individuo, ya que sus contenidos se imbrican profundamente y son también moldeados por otros referentes de identificación. Ninguna persona ni grupo es solamente obrero/a, ni sólo hombre o mujer, ni únicamente afroecuatoriano, andaluz o kurdo. Lejos de este reduccionismo, entendemos que es la posición de cada persona o grupo en cada uno de los tres sistemas identitarios –que son estructurales y desigualitarios- y su resultante en cuanto al lugar que se ocupa en la sociedad y en sus diversos contextos, lo que define la identidad estructural.

También es básico entender que las culturas del trabajo están fuertemente generizadas y etnizadas, las culturas de género muestran características y elementos provenientes de culturas del trabajo concretas y de culturas étnicas específicas, y el contenido cultural de las identidades étnicas presenta características de determinadas culturas del trabajo y de género. Por ello intentamos, en GEISA, no caer en el error de la reificación de cada uno de los sistemas identitarios sino considerar estos en su funcionamiento, imbricados estrechamente cada uno de ellos con los otros dos pero ninguno reducible a ningún otro. Los principios estructurales no funcionan de forma independiente en la realidad social y tampoco existe una correspondencia automática entre tener una posición hegemónica o subalterna en las relaciones de poder dentro de uno de los sistemas de identidad y tener la misma posición en los otros dos. Rechazamos el reduccionismo de afirmar que, en última instancia, uno de los principios –sea el de la clase social, el del sexo-género o el de la etnicidad- sea el responsable del conjunto de la estructura y, por ello, del lugar que cada grupo o persona ocupe en el conjunto de la sociedad y en cada uno de los sistemas desigualitarios existentes.

Ni el reduccionismo economicista, tan generalizado entre quienes se reclaman marxistas, ni el reduccionismo etnicista, que está en la base de planteamientos tan peligrosos como el de la supuesta inevitabilidad de un “choque de civilizaciones”, ni el reduccionismo sexista, que atribuye a las identidades de sexo-género las característica estructurales de las identidades de clase, son adecuados para entender las estructuras, dinámicas y cambios sociales tanto a nivel planetario como local.

A nuestro rechazo a cualquier tipo de reduccionismo acompaña también el rechazo de los planteamientos situacionistas, que, como una nueva forma de funcionalismo, señalan que la identidad es sólo una cuestión de contexto y de elección respecto a este, como si se tratara de elegir, de entre lo que tenemos en nuestro armario, el tipo de vestimenta que conviene ponernos según sea el clima y la ocasión social.

Junto al paradigma de la “matriz cultural identitaria”, GEISA se adscribe al paradigma de la “glocalización”,  que entiende el mundo actual, sus problemas y sus transformaciones no sólo como resultado de una única dinámica globalizadora sino de dos dinámicas opuestas aunque complementarias: la globalización y la localización (entendiendo está última no solamente en un sentido territorial sino también sectorial). Este posicionamiento es hoy central en nuestra definición teórico-metodológica. Frente a quienes se adscriben al paradigma de la globalización y, por ello, estudian lo concreto, lo “local”, como un simple escenario donde constatar los efectos de las pulsiones globales (hegemónicas), analizando, cuando más, las formas de adaptación necesarias para globalizarse o los costes humanos, económicos, sociales o culturales que ello implica, nuestra estrategia es completamente diferente porque no caemos –o intentamos no caer- en el fetichismo globalista.

Frente a quienes consideran equivalentes mundialización y globalización, proponemos una distinción que nos parece clave. La mundialización sería el largo proceso de avance en la interrelación entre los territorios, pueblos y culturas que integramos el planeta. Avance posibilitado por las innovaciones que “acortan” el espacio y el tiempo necesarios para la interrelación, acentuando la interdependencia. Por globalización entendemos el intento de imponer coactivamente una única lógica cultural a todos los pueblos y a todas las dimensiones de la vida. Consideramos que desde  los siglos XIV-XV el proceso general de mundialización ha avanzado a través de varias fases globalizadoras. A un primer periodo de intento de globalización de una lógica religiosa, la del cristianismo y en otros contextos la del islam, que actuó como legitimadora de la explotación económica y la dominación social y política sobre los paganos e infieles y como motor de reproducción del sistema, sucedió un segundo intento globalizador que impuso una lógica laica –aunque no menos sacralizada-, la de la Razón y el modelo de Estado-Nación; lógica que fue impuesta a todos los lugares del mundo en nombre del Progreso y luego de la Modernidad y el Desarrollo.

Actualmente, estamos inmersos en la globalización de la lógica del Mercado, una lógica que no sólo rige el ámbito de lo económico sino que trata de gobernar todos las dimensiones de la vida social mercantilizando todas las relaciones humanas y a la propia Naturaleza. Ello ha producido, sobre todo a partir de los años ochenta del siglo XX, una inversión en la relación entre Mercado y Estado y la lógica de la consecución del máximo beneficio en el menor tiempo, no importa a qué costes, ha sustituido a la lógica política basada, al menos en teoría, en los intereses colectivos. Una inversión que tiene consecuencias en todos los ámbitos de la vida colectiva e individual.

Pero todo proceso globalizador encuentra resistencias porque, en contra de lo que afirma su pensamiento único, existen también otras lógicas y muchos elementos y valores de culturas no hegemónicas que no son asimilables a la lógica mercantilista, pudiendo constituirse en elementos de resistencia a su avance o incluso en ejes de proyectos societarios alternativos. De aquí la relevancia de los análisis glocales, a condición de no caer en la trampa de considerar lo local (territorial o sectorial) como una mera escala pequeña de lo global o un simple escenario de concreción de la lógica globalista, sino como un contexto de adaptaciones pero también de reales o potenciales resistencias, alternativas y confrontaciones, tanto en el plano económico como en el social, político y simbólico. Ante el intento hegemónico de homogeneización en un único modelo económico, político, social y cultural naturalizado, se han activado también otras lógicas alternativas o, al menos y más frecuentemente, una serie de valores y prácticas enmarcados objetivamente en lógicas no mercantilistas que tienen como soporte a colectivos sociales cohesionados en torno a lo étnico (o etnonacional), al  género, la orientación sexual, la solidaridad con y entre los excluídos, la defensa del equilibrio ecológico y el patrimonio cultural o los derechos humanos.

Las líneas temáticas.

Los dos paradigmas planteados, el de la matriz cultural identitaria y el de la glocalización,  constituyen el marco en el que se desarrollan las investigaciones de GEISA. En un breve recorrido temporal, puede decirse que en los años setenta y ochenta predominaron los trabajos sobre la identidad cultural andaluza: sus bases, el proceso de formación histórico-cultural de Andalucía, los factores, tanto catalizadores como de bloqueo, de la conciencia de identidad, las implicaciones políticas de la existencia de la etnicidad andaluza y los diversos contextos simbólicos de reproducción identitaria. Especial atención fue prestada al estudio de los procesos rituales festivos como contextos privilegiados para estudiar la reproducción y redefinición de identidades colectivas. También se profundizó en el nacimiento de la Antropología en Andalucía, en el contexto del llamado “sexenio revolucionario” del siglo XIX, en las causas de su posterior desaparición y en la situación doblemente colonizada en que se produjo su llamado “segundo nacimiento”, ya en la segunda mitad del siglo XX. Se trataba de desenterrar las raíces de una Antropología propia, no subalterna respecto a los centros de poder antropológico –que coinciden, hace ciento cincuenta años y hoy, con los centros de poder económico y político–, que pudiera ser referencia en la necesaria construcción de una Antropología no colonizada por las antropologías hegemónicas, sobre todo británica y norteamericana, y que aspirase a un lugar significativo dentro de las antropologías periféricas o Antropologías del Sur.

Desde los inicios del Grupo, e incluso ya en el citado seminario anterior, fue una preocupación compartida leer críticamente lo que se producía en las Antropologías centrales, estar al día de ellas lo máximo posible, pero sin aceptar automáticamente marcos teóricos, conceptos y categorías que, en gran parte, respondían a situaciones de producción de conocimiento, a contextos y problemas muy diferentes a los que a nosotros nos condicionaban y ocupaban. Diversas investigaciones sobre asociacionismo y  sociabilidad en Andalucía nos reafirmaron en nuestra posición de la necesidad de revisar categorías no por generalizadas menos cuestionables, al menos en su aspiración de ser adecuadas para aplicarlas a cualquier tiempo y lugar.

También en los años 80 se comenzó una línea de investigación, que es actualmente una de las principales del grupo, sobre los procesos migratorios. Fue iniciada con el estudio de la emigración andaluza en Cataluña, adonde, desde los años 50 a principios de los 70, habían emigrado millón y medio de andaluces. Nos interesaba, especialmente, estudiar los contextos de inclusión y exclusión social, los contextos de reproducción identitaria andaluza fuera de Andalucía, la  fuerte trama asociativa, los procesos rituales festivos en torno a símbolos identitarios y la compatibilidad entre esta reproducción –o reinvención- de elementos culturales propios y la integración en la sociedad catalana. Desde entonces, los procesos migratorios y su imbricación con la etnicidad han continuado siendo uno de los núcleos de interés del grupo, a partir de los años noventa principalmente sobre los procesos migratorios y sus efectos dentro de la propia Andalucía en una situación de creciente plurietnicidad por la presencia de colectivos magrebíes, latinoamericanos, del África negra y de Europa del Este.

También en los años setenta y ochenta otro de los temas centrales en los que trabajamos diversos miembros del seminario y luego de GEISA fue el estudio de los  jornaleros agrícolas. Ello se debió, principalmente, a que partíamos de que muchas de las características de la identidad cultural andaluza tenían que ver directamente con el contexto social de fuerte polarización de clases entre una minoría de grandes propietarios agrícolas y una gran cantidad de trabajadores sin tierra ni trabajo permanente. Y a que las características culturales del colectivo habían impregnado fuertemente muchos ámbitos de la propia etnicidad andaluza. Además de ser, en la época de la llamada “transición política” y primeros años de la restauración de la democracia, el colectivo más luchador por transformaciones sociales.

Fueron también importantes, en la época inicial del grupo, los análisis de las acciones simbólicas, los contextos rituales con alta significación identitaria y el asociacionismo: la Semana Santa, las romerías locales y supralocales, especialmente la romería del Rocío, y otras fiestas, así como hermandades y cofradías y otras formas de sociabilidad tanto formalizada como no formalizada. Nos interesaba detectar tanto los rasgos y especificidades locales como  aquellos que  podrían situarse en el marco de la etnicidad andaluza. Más allá de los contenidos ideológicos explícitos, nos interesaban las funciones latentes y la polisemia de significados en relación, sobre todo, con las identidades sociales y las tensiones y rivalidades entre diversos colectivos de clase, de género, étnicos o territoriales.

Desde finales de los años ochenta, dentro de la profundización en el marco teórico-metodológico señalado, se acentuó el interés por el análisis de los cambios que se estaban produciendo en las culturas del trabajo por la acción del avance de la globalización de la lógica del mercado, se realizaron estudios sobre la  generización y sexuación de dichas culturas del trabajo, y se abrieron varias líneas de estudio sobre los nuevos procesos de inmigración en Andalucía en el contexto, sobre todo, de los cambios en la agricultura andaluza y en otros sectores económicos. El análisis de la nueva multiculturalidad  resultante de la intensificación de la inmigración exterior y sus consecuencias, así como de las políticas públicas al respecto, fue otro de los tantos ámbitos centrales en los que los miembros de GEISA desarrollamos  varias de nuestras investigaciones, a través de la consecución de proyectos I+D de nivel estatal, andaluz o local o mediante contratos con instituciones públicas.

También la profundización en el análisis no sólo del patrimonio cultural etnológico -tanto tangible como intangible, incluyendo en este los valores culturales--  sino también de las políticas sobre el patrimonio llegó a constituirse en una importante línea de investigación. La discusión sobre la prioridad de los valores de uso e identitarios o de los valores de mercado, convertidos crecientemente en hegemónicos por el avance de la globalización mercantilista y el pensamiento neo(ultra)liberal, se convirtió en un ámbito de importancia también creciente para el grupo. La relación entre patrimonio cultural y turismo, entre patrimonio cultural y movimientos sociales – conservacionistas, ecologistas y ciudadanos- y entre patrimonio e identidades colectivas son temáticas en las que actualmente se trabaja intensamente.

Tampoco han sido  ajenas a los intereses de GEISA otras temáticas como las de la pesca andaluza y sus transformaciones debido a las normativas europeas, el urbanismo y la participación ciudadana, el estudio de las culturas organizacionales, especialmente de ONGs y otras entidades del denominado tercer sector, o la transexualidad.

Además de todo lo anterior, es preciso señalar otra de las grandes vertientes del quehacer investigador de GEISA, que ha estado presente desde sus inicios, como no podía ser menos si se conocen las condiciones concretas en que se produjo el ya señalado “segundo nacimiento de la Antropología en Andalucía”. Este se produjo en los años sesenta del siglo pasado a partir de la antropología americanista, por obra del profesor José Alcina en la Universidad de Sevilla. Quienes fuimos en aquellos años sus alumnos, y el propio Departamento que surgiría luego, quedaron así marcados  por el interés hacia  América y especialmente hacia sus pueblos indígenas. Ya en los años 1972 y 1973, Isidoro Moreno, el iniciador del Grupo, desarrolló dos temporadas de trabajo de campo en el grupo indígena cayapa (en los años 90 re-autobautizados como chachis) y sobre sus relaciones con la población afroesmeraldeña en la costa norte de Ecuador. Más tarde profundizó en la conexión entre las cofradías de negros andaluces y las cofradías y cabildos de negros en la América colonial. Desde siempre, la relación de miembros de GEISA con diversos países latinoamericanos ha sido importante, tanto en colaboraciones docentes como en investigaciones de campo, como puede comprobarse en la relación de proyectos.

Las investigaciones sobre realidades socioculturales de la América Indo-Afro-Latina se reactivaron en la segunda mitad de la década de los 90 y en la primera década de este siglo, sobre todo a partir de la realización del programa de doctorado sobre “Relaciones Interétnicas en América Latina: pasado y presente” de la Universidad de Sevilla, con doble versión en la Universidad Internacional de Andalucía, sede de La Rábida, y en la Universidad Nacional de Jujuy (República Argentina). Diversos integrantes del Grupo han realizado investigaciones en Guatemala, Cuba, Ecuador y Perú.

Más incipientes son las investigaciones en el continente africano, por ahora centradas en Marruecos, Senegal y el Sahara Occidental, relacionadas, sobre todo, con las respectivas emigraciones a Andalucía, en los dos primeros casos, y con los campamentos de refugiados en la hamada argelina en el tercero.

Por otra parte, la presencia de  miembros de GEISA en congresos, jornadas o cursos a nivel andaluz, español y internacional, es muy significativa, teniendo sus miembros, en muchas de ellas, responsabilidades de coordinación y organización. También se han ampliado y consolidado las relaciones de GEISA con otros grupos y redes de investigación tanto europeos como americanos, principalmente de Francia, Italia, Portugal, México, Ecuador, Argentina y Brasil.

Todo lo anterior se refleja en la alta evaluación con que ha sido distinguido el grupo por parte de la Agencia Andaluza de Evaluación de la Investigación: en la última convocatoria para ayudas a grupos de investigación, entre los 68 existentes en la Universidad de Sevilla en el área de Ciencias Sociales, Jurídicas y Económicas, GEISA consiguió el número 2 en el ranking.